Fragilidad
Oír el crujir de las hojas caídas,
el murmullo del manantial,
el batir de alas de la libélula,
el susurro del aire.
Respirar el latido del bosque.
Anidar en su corazón.
Contemplar a través de sus ojos
la luz del sol tamizada
por ese manto dorado
que se resiste a desprenderse,
que se resiste a desaparecer.
Ser consciente de su fortaleza
y de su fragilidad.
Eva García 18-12-2013

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