Alineado



Alineado en el vértice de su espalda,
entregados los dedos y los labios,
recorría dulcemente, palmo a palmo
la blanca superficie adorada.

Dibujaba mil caricias en el alba.
Y en cada una creaba una nueva vibración.
Desbordante, intensa, vehemente.
Desgajando la piel de la amada con cada roce.

Absorbía lentamente cada pulso,
Cada latido, cada palpito de esa envoltura
tersa, luminosa,
cálida, erizada.

Se impregnaba de su aroma
como de almendras dulces,
estremeciéndose con cada gemido,
cada respiración, cada latido.

Se recreaba en el temblor de la mujer amada,
que sosegadamente se entregaba
como un lienzo en blanco en el pincel de sus manos,
permitiendo que bajo su trazo firme y sereno
se originara, cada noche,
el milagro de la creación.

Eva García.







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