Caminar
Acaricio la piel erizada del mar.
Mis dedos se deslizan
sobre las frías aguas
tendidas bajo la centelleante
luz del atardecer.
Solo tengo una meta,
recorrer el camino.
Las voces de los niños
rasgan el aire.
En el horizonte
las alas del viento
se enredan
entre los cabellos dorados
trenzando nubes anaranjadas
a un cielo cárdeno,
-cercano al ocaso-.
Su reflejo en la orilla
fluye entre mis manos.
Las voces se desvanecen mientras camino
-envuelta en luz-
a lo largo del rebalaje.
©Eva García Madueño

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