VOLAR
Hacía más de dos años
desde que por vez primera desplegó sus alas tímidamente. Se asomó a la ventana
más alta y en un rápido aleteo levantó el vuelo.
Lo había intentado
otras veces pero siempre, en el último momento, el miedo la paralizaba y no se atrevía
a despegar.
Esta vez lo consiguió,
voló despacio al principio, sin dejar de mirar atrás, sintiendo que se alejaba
de aquello por lo que tanto había luchado, la que hasta entonces era su única
meta en la vida.
Poco a poco se fue
alejando y conforme avanzaba sus alas cobraban más fuerza, haciéndola ascender, haciéndole sentir el aire fresco de libertad.
Fue feliz durante un
tiempo, sobrevoló valles y montañas jamás soñados. Cielos azules, lagos
cristalinos, bosques exuberantes. Surcó mares y océanos y conoció criaturas
maravillosas de todas las especies.
Hasta que un día en uno
de sus vuelos miró hacia abajo y reconoció el tejado de la casa. Era su casa.
La que un día fue su hogar.
Se asomó a la ventana.
Estaba cerrada. El cristal le permitió ver todo aquello que había dejado
atrás. Quiso entrar y no pudo.
Levantó de nuevo el
vuelo añorando el tiempo pasado en aquella casa, la que durante tantos
años había sido su hogar. Se limpió las lágrimas y continuó volando.
Pasados unos días
volvió a sentirse libre y feliz. Otras criaturas la acompañaban en su camino
llenando ese hueco que quedara en su alma desde que abandonara la seguridad del
hogar.
Hasta que un día
lluvioso y frío a lo lejos vislumbró el humo de una chimenea y se acercó
buscando calor. Cuando se dio cuenta ya era tarde. Esta vez la ventana estaba
abierta y desde el árbol en el que se posó podía sentir el olor a leña, el tan
conocido olor a hogar.
Unos ojos la miraban
desde dentro invitándola a pasar. Miró hacia el cielo, había dejado de llover,
el sol comenzaba a calentar de nuevo. Las nubes que durante ese tiempo fueron
sus compañeras le sonreían cómplices, pacientes.
Dudó un instante y un
impulso repentino la obligó a volar.
Quedó aturdida.
“¿Qué me ha
pasado?” –se preguntó.
“Tuviste miedo”
-respondió una nube.
“¿Miedo? ¿a qué iba a
tener miedo?”
“A no poder volver a
volar”
Eva García.
12-12-2011

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